La última vez que la monté rugía como una fierecilla salvaje, con la fuerza y potencia de la que siempre hacía gala. En septiembre, una tarde le llené el depósito, lo mezclé con un tubito de su mezcla de aceite preferida, una con mucho plomo, y me dispuse a gastarlo a modo de despedida.
Recorrimos los lugares que frecuentamos en Valencia, la playa de Pinedo (nuestra preferida), el barrio del Carmen, Blasco Ibáñez, la avenida en la que está nuestra facultad... Ella me concedió una sensibilidad extrema. No se caló una sóla vez, y debido a que estábamos en un momento de máxima compenetración, justo después de verano (solíamos cabalgar a diario), su embrague parecía una extensión de mi mano izquierda. Me concedí algunos excesos, como ver la aguja del antiguo marcador superar los 90km/h en los túneles de Campanar, y tumbar en las rotondas de la avenida de Aragón como si se tratase de una tarde de entrenamientos de GP. Sentí sus 160 centímetros cúbicos de gasolina explotar en el pistón, concediéndome un ronroneo melodioso, un denso humillo típico de Vespa, y mi sensación favorita: ese olor a gasolina quemada a ritmo de los 60, que ninguna otra moto ha sabido nunca emitir, y que ningún vespero que se precie confundirá jamás.
Y si tú no eres vespero y no me entiendes, no tienes por qué hacerlo. Con quien más he disfrutado paseando es con profanos. No necesitas disfrutar desguazando motores antiguos, basta con apreciar el placer de pasear con los pies sobre las alas de un clásico, sentir que te mueves a otro ritmo que el resto de ciudad: te mueves a un ritmo más pausado, en el que te da tiempo de disfrutar del trayecto. Puedes comprobar con orgullo cómo la gente te mira desde sus vehículos normales, corrientes, con una mezcla de interés e incomprensión.
Gracias por tu lectura. Te has ganado un paseo con Vespa y conmigo. Reclámamelo.
2 comments:
Yo, no soy un aficionado al motor, no soy un experto en el mundo de las dos ruedas, consecuentemente soy el doble de experto en lo que respecta a las cuatro ruedas. Pero dos por cero es cero.
Pero, yo he montado a lomos de esa moto restaurada y me llevaré a la tumba la cara cuando creías que la perdías. La cara del que cree que va a perder su objeto más preciado.
Ella sabe que la quieres pero está enfadada, te echa de menos y te lo hace saber. Esa averia es una rabieta de enamorados.
Salut!
Es precisamente un placer el hecho de concurrir las calles de patraix motorizado nostálgicamente! cuida tu sistema endocrino
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